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23 de diciembre de 2025El 12 de diciembre el Instituto de Investigación Una Salud realizó su VI Jornada de Seminarios, centrada en la Ciencia integrada para desafíos complejos: aportes desde la bioinformática, la virología y la inocuidad alimentaria.
El Instituto de Investigación Una Salud (IIUS) llevó adelante el viernes 12 de diciembre su VI Jornada de Seminarios, un espacio de intercambio académico que reunió a investigadoras e investigadores de la Universidad de la República para compartir avances recientes en salud humana, animal y ambiental. Realizada en modalidad virtual y abierta a la comunidad universitaria y al público interesado, la jornada volvió a poner en el centro la necesidad de abordar los problemas sanitarios contemporáneos desde miradas interdisciplinarias, integrando escalas moleculares, poblacionales y ambientales.
Las tres exposiciones de la jornada reflejaron con claridad la diversidad de enfoques que convergen en el paradigma de Una Salud. Desde el diseño computacional de compuestos bioactivos, pasando por la epidemiología molecular de virus oncogénicos, hasta el análisis de contaminantes en la cadena cárnica, las charlas mostraron cómo la investigación científica puede generar herramientas concretas para la prevención, el diagnóstico y la toma de decisiones en políticas públicas.
Bioinformática y diseño molecular: nuevas herramientas para Una Salud
La jornada comenzó con la exposición de Margot Paulino, investigadora del área de bioinformática de la Facultad de Química, quien presentó el trabajo del grupo en la integración de estrategias in vitro e in silico para el diseño racional de compuestos bioactivos. Su presentación puso el foco en cómo la química computacional y la bioinformática pueden acelerar la identificación de blancos biomoleculares, reducir costos y optimizar tiempos en las etapas tempranas del desarrollo de fármacos.
Paulino explicó que el diseño de nuevos compuestos parte necesariamente de datos experimentales (provenientes de síntesis química, ensayos in vitro e in vivo) que luego alimentan modelos computacionales capaces de identificar “hits”, optimizar “leads” y proponer candidatos con potencial terapéutico. En este proceso, el uso de cribado virtual, screening reverso, simulaciones biomoleculares y análisis estadísticos permite comprender mejor las interacciones proteína-ligando y anticipar posibles mecanismos de acción.
Uno de los aspectos centrales de la charla fue la incorporación de redes neuronales e inteligencia artificial como herramientas para ampliar el espacio químico explorable. A través de sistemas acoplados capaces de aprender patrones de afinidad, generar nuevas estructuras químicas y filtrarlas según criterios de toxicidad, factibilidad sintética y originalidad, el grupo ha logrado proponer cientos de moléculas completamente nuevas. Estos enfoques se han aplicado, entre otros casos, al estudio de parásitos como Trypanosoma cruzi, identificando posibles blancos multitarget y reforzando la idea de que muchas patologías requieren estrategias terapéuticas de acción múltiple.
Desde la perspectiva de Una Salud, la investigadora subrayó que estas metodologías no se limitan a la salud humana, sino que dialogan con la salud animal, ambiental y alimentaria. La posibilidad de trabajar sobre blancos parasitarios, enzimas vegetales o compuestos derivados de subproductos agroindustriales muestra cómo la bioinformática se convierte en una plataforma transversal, capaz de articular química medicinal, agrícola y ambiental.
Virus del Papiloma Humano: epidemiología molecular desde el territorio
La segunda charla estuvo a cargo de Matías Victoria, profesor agregado del CENUR Litoral Norte, quien presentó avances del estudio del Virus del Papiloma Humano (HPV) en el norte de Uruguay. La exposición abordó tanto aspectos básicos del virus como su impacto en salud pública, haciendo énfasis en la necesidad de generar información epidemiológica fuera del área metropolitana.
Victoria recordó que el HPV es una de las principales causas de cáncer de origen infeccioso a nivel mundial, responsable de millones de nuevos casos cada año, a pesar de existir vacunas seguras y efectivas. La mayoría de las infecciones son asintomáticas y autolimitadas, pero cuando el virus persiste puede desencadenar procesos oncogénicos, especialmente asociados al cuello uterino, la orofaringe y otros tejidos.
Uno de los aportes más relevantes del trabajo presentado es la aplicación de la epidemiología basada en aguas residuales para estudiar la circulación viral en la población. En lugar de depender exclusivamente de muestras clínicas individuales, este enfoque permite obtener una “fotografía” de los genotipos de HPV presentes en una comunidad a partir del análisis del ADN viral en el sistema de saneamiento. En el caso de Salto, el estudio comparó muestras de Papanicolaou con muestras de aguas residuales recolectadas entre 2022 y 2023, encontrando una alta concordancia en los genotipos detectados.
Los resultados mostraron que el genotipo 16, uno de los de mayor riesgo oncogénico, es el más prevalente en la región, y que las aguas residuales permiten detectar incluso genotipos que no aparecen en las muestras clínicas. Este hallazgo refuerza el valor de esta metodología como herramienta de vigilancia sanitaria y pone en evidencia la magnitud de infecciones subdiagnosticadas. Además, los análisis filogeográficos del HPV-16 sugieren múltiples eventos de introducción del virus en el país, posiblemente vinculados a dinámicas regionales y a la cobertura incompleta de vacunación.
Contaminantes químicos y cadena cárnica: garantizar inocuidad en un país agroexportador
La jornada cerró con la presentación de Lucía Pareja, investigadora del CENUR Litoral Norte, quien expuso sobre la evaluación de contaminantes multiclase y su transferencia en la cadena cárnica, una temática clave para un país con fuerte perfil agroexportador como Uruguay.
Pareja contextualizó la relevancia económica y social de la ganadería, destacando que Uruguay se encuentra entre los principales exportadores de carne vacuna a nivel mundial y presenta uno de los mayores consumos per cápita. En este marco, asegurar la inocuidad de los alimentos no solo protege la salud de la población, sino que también es fundamental para sostener mercados internacionales altamente exigentes.
La investigadora explicó cómo los contaminantes pueden ingresar a la cadena productiva por vías directas (uso de medicamentos veterinarios) o indirectas, a través de agua, pasturas o raciones contaminadas con pesticidas. La evaluación de estos residuos se rige por los Límites Máximos de Residuos (LMR) establecidos por normativas nacionales e internacionales, como el Codex Alimentarius y la legislación de la Unión Europea, que muchas veces difieren en su grado de exigencia.
Desde el laboratorio, el desafío es desarrollar metodologías analíticas multiclase capaces de detectar simultáneamente decenas de compuestos en concentraciones extremadamente bajas, trabajando sobre matrices complejas como carne, grasa o leche. Para ello, el grupo utiliza cromatografía acoplada a espectrometría de masas en tándem y valida cada método con estándares analíticos costosos y procedimientos rigurosos. Estos análisis no solo permiten detectar residuos de pesticidas o fármacos, sino también metabolitos relevantes desde el punto de vista toxicológico.
La exposición remarcó que la inocuidad alimentaria es una responsabilidad compartida entre productores, industrias, organismos de control, laboratorios y consumidores. Desde el enfoque de Una Salud, la evaluación de contaminantes se vincula directamente con la sostenibilidad ambiental, la salud animal y la confianza en los sistemas alimentarios, aportando información clave para políticas públicas y estrategias de comunicación más transparentes.
Un enfoque común para problemas interconectados
La VI Jornada de Seminarios del IIUS dejó en claro que los desafíos actuales en salud no pueden abordarse de manera fragmentada. Las charlas mostraron cómo herramientas computacionales avanzadas, estudios epidemiológicos innovadores y análisis químicos de alta precisión convergen en un mismo objetivo: proteger la salud humana, animal y ambiental de forma integrada.
Al reunir miradas que van desde la escala molecular hasta la poblacional y productiva, la jornada reafirmó el rol del IIUS como un espacio de articulación interdisciplinaria, capaz de generar conocimiento aplicado y de fortalecer el diálogo entre ciencia, territorio y políticas públicas bajo el paradigma de Una Salud.






