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28 de mayo de 2026La creación de los cuatro institutos de investigación de la Universidad de la República, que este 1° de junio completarán su primer año de funcionamiento, marcó un hito orientado a fortalecer la generación de conocimiento en áreas estratégicas para el país. Con financiamiento de largo plazo, estructuras interdisciplinarias y agendas centradas en problemas complejos, estos espacios buscan consolidar nuevas formas de producir investigación y articularla con actores sociales, organismos públicos y redes internacionales.
La prorrectora de Investigación de la Universidad de la República (Udelar), Celia Quijano, explicó que los institutos comenzaron a funcionar mientras todavía se construyen las reglas y mecanismos administrativos necesarios para su consolidación. “Las instituciones ya existen, pero todas esas pautas que ayudan al funcionamiento aún no están”, señaló. Según indicó, uno de los principales desafíos ha sido diseñar una estructura completamente nueva dentro de la Universidad, desde definir la forma de gobernanza hasta la inserción de los cargos docentes y la articulación con otros servicios universitarios.
Actualmente, un grupo designado por el Consejo Directivo Central trabaja en una ordenanza general que establezca criterios comunes para todos los institutos, y que contemple la eventual creación de nuevos espacios en el futuro. Quijano explicó que la normativa deberá ser “suficientemente general” para abarcar las particularidades de cada instituto y, al mismo tiempo, ordenar aspectos vinculados a dirección, funcionamiento, investigación, enseñanza y extensión.
La prorrectora reconoció que la implementación de estas estructuras implicó desafíos administrativos importantes, pero destacó el esfuerzo realizado por distintas áreas para sostener el funcionamiento de los institutos mientras se desarrollan las herramientas de gestión necesarias.
Los nuevos institutos, centrados en áreas como desigualdades sociales, ciencias oceánicas, sistemas alimentarios y salud, fueron concebidos como estructuras de largo plazo, con una lógica diferente a otros programas tradicionales de financiamiento académico. En lugar de apoyos acotados en el tiempo, la iniciativa busca consolidar líneas de investigación estables y equipos interdisciplinarios capaces de desarrollar agendas sostenidas. “Es una apuesta a generar líneas de investigación en temas relevantes para el país, pero de forma mucho más estable”, sostuvo Quijano.
Además del financiamiento otorgado por la Udelar, los institutos comenzaron a desarrollar redes nacionales e internacionales, presentarse a fondos competitivos y fortalecer vínculos con organismos públicos, organizaciones sociales y agencias de cooperación.
Quijano destacó que la evaluación de estas experiencias será progresiva. Los institutos tendrán una primera instancia formal de evaluación a los dos años y medio de funcionamiento y una segunda revisión a los cinco años. Ese proceso permitirá analizar su consolidación institucional, el desarrollo de investigaciones y su capacidad de generar conocimiento y transferencia hacia la sociedad. “Creo que son estructuras interesantes, que pueden realmente permitir generar avances en la generación de conocimiento y en la transferencia”, afirmó Quijano.
Una Salud: una red interdisciplinaria que busca anticiparse a futuras crisis sanitarias
El Instituto Una Salud atraviesa una etapa de consolidación marcada por el crecimiento de su red académica, la articulación con organismos públicos y la puesta en marcha de proyectos interdisciplinarios vinculados a salud humana, animal y ambiental. El espacio ya reúne a más de 450 investigadores y avanza en iniciativas que buscan fortalecer la investigación, la formación y la generación de evidencia para políticas públicas.
Los referentes del instituto, Ana Meikle y Hugo Cerecetto, destacaron que uno de los primeros desafíos fue consolidar una comunidad académica amplia en torno al concepto de “Una Salud”, entendido como un enfoque integral que vincula la salud humana, animal y ambiental. La propuesta original nucleaba a unas 170 personas adherentes, pero el trabajo desarrollado en los últimos meses permitió ampliar significativamente la red de contactos y colaboraciones.
El crecimiento involucró no solo a docentes y equipos de la Udelar, sino también a investigadores del Institut Pasteur de Montevideo, el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y otros centros internacionales.
En paralelo, el Instituto avanzó en la contratación de recursos humanos especializados. Durante el segundo semestre de 2025 se incorporaron cargos de posdoctorado, doctorado y maestría vinculados a hitos estratégicos del programa, además de perfiles asociados a comunicación y difusión científica.
Para Meikle, uno de los principales logros del período fue la rápida recepción que tuvo el instituto por parte de distintos actores sociales y gubernamentales. “Fue inesperado”, afirmó respecto a la demanda de reuniones, asesoramientos y convenios provenientes de organismos nacionales e internacionales. Entre ellos mencionó contactos con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Ministerio de Salud Pública y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
La investigadora sostuvo que el Instituto comenzó a ocupar un lugar de referencia en temas vinculados a enfermedades emergentes, sistemas alimentarios y vigilancia sanitaria. “Es como que pareciera que la sociedad estuviera esperando esto”, resumió Meikle.
Otro de los ejes centrales del trabajo ha sido la construcción de una plataforma colaborativa que facilite la conexión entre investigadores de diferentes disciplinas y países. La docente Lucía Pareja explicó que el objetivo fue generar una red virtual que permita identificar capacidades instaladas y promover abordajes integrales de los problemas sanitarios y ambientales.
La estrategia del Instituto también incluyó una fuerte apuesta a la descentralización territorial, mediante la realización de seminarios virtuales mensuales y un congreso en la ciudad de Salto que reunió a más de un centenar de participantes, en su mayoría jóvenes investigadores becados. Además, se impulsaron experiencias de formación integral, actividades educativas vinculadas a zoonosis y el primer curso de posgrado propio del instituto.
Cerecetto indicó que una de las metas para los próximos años será consolidar capacidades tecnológicas y ampliar la articulación con actores no académicos. “Queremos mover un poco la cadena para atraer a otros actores en la participación y en la gestión de esta nueva institucionalidad”, señaló el docente. “La única forma de maximizar los recursos que tiene el país, que son finitos, es conectando a la gente”, concluyó por su parte Meikle.
Transiciones sostenibles y sistemas alimentarios: articulación entre el sector público, la producción y la academia.
El Instituto de Transiciones Sostenibles de Sistemas Alimentarios (ITSSA) también avanza en la consolidación de una red orientada a investigar y promover modelos productivos sostenibles, al integrar disciplinas vinculadas a recursos naturales, producción agropecuaria, alimentación y salud. Este espacio ya articula a más de un centenar de investigadores y desarrolla proyectos de largo plazo en distintas regiones del país.
Los referentes del instituto, Santiago Dogliotti y Pablo Chilibroste, señalaron que uno de los primeros desafíos fue transformar una propuesta académica en una estructura operativa capaz de coordinar investigadores distribuidos en distintos servicios universitarios e instituciones asociadas.
Dogliotti recordó que la confirmación formal del inicio del instituto, a mediados de 2025, implicó “un sacudón” que significó reorganizar agendas y comenzar a traducir en acciones concretas una propuesta que todavía tenía muchos aspectos por definir. “Tratamos de construir con una metodología científica, estudiar y hacer un buen diagnóstico, primero a la interna y luego hacia el sector alimentario y las capacidades nacionales”, explicó Dogliotti.
Para Chilibroste, ese relevamiento se convirtió en un “hito importante” porque permitió dimensionar con qué recursos humanos y capacidades cuenta el país para abordar procesos de transición sostenible en los sistemas alimentarios. Según indicó, el estudio será un insumo no solo para el instituto, sino también para otros espacios universitarios y organismos públicos.
Actualmente, el instituto reúne a más de 110 integrantes provenientes de distintas sedes de la Udelar, así como de instituciones como el INIA, la Universidad Tecnológica, el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, e investigadores radicados en el exterior.
Uno de los momentos clave del primer año fue el lanzamiento oficial del espacio, realizado en septiembre de 2025, que reunió durante dos jornadas a docentes, autoridades universitarias, representantes gubernamentales y actores del sector productivo. “Somos un instituto que no está contenido en un edificio, sino integrado por personas que vienen de lugares muy diferentes de la Universidad y del país”, afirmó.
En noviembre de 2025 el ITSSA abrió su primera convocatoria a proyectos de investigación, orientada a dos grandes territorios del país: los paisajes ganaderos basados en campo natural del norte y este, y las zonas agrícolas y lecheras del litoral y la cuenca lechera. En total se aprobaron once proyectos de largo plazo, con financiamiento previsto por cuatro años y una inversión cercana a los 60 millones de pesos. Según explicó Dogliotti, el proceso buscó fomentar la cooperación entre equipos y consolidar programas de trabajo conjuntos en lugar de financiar iniciativas aisladas.
Chilibroste destacó que “rápidamente se visualizó al Instituto con la potencia y con la posibilidad de ser el vinculante entre el sector público, el sector productivo y la academia”. Por su parte, Dogliotti agregó que la demanda de participación en proyectos y espacios de intercambio superó las expectativas iniciales. “Hoy estamos, a veces, no dando abasto a responder todas las invitaciones”, señaló.
De cara a los próximos años, el instituto apuesta a fortalecer la captación de recursos externos y consolidar redes de trabajo interdisciplinarias que permitan generar conocimiento aplicado para la transformación sostenible de los sistemas alimentarios del país.
Desigualdades sociales: consolidar investigación crítica y redes internacionales
Uno de los referentes del Instituto Justicia Social y Desigualdades, Gustavo Pereira, explicó que el primer año de funcionamiento estuvo atravesado por la tarea de organización y gestión. “Comenzamos haciendo contrataciones directas a investigadores que eran parte del entorno del instituto, como una forma de iniciar las tareas de investigación”, relató. Posteriormente, el equipo avanzó en llamados abiertos, un proceso que implicó la conformación de tribunales, evaluación de méritos y entrevistas académicas.
La conducción del Instituto está integrada por Pereira y Andrea Vigorito, junto a una comisión directiva conformada por investigadores vinculados a las líneas originales de investigación. A diferencia de otros institutos universitarios, el de Desigualdades Sociales logró instalarse físicamente en el Campus Universitario Luisi Janicki, una decisión que, según Pereira, fortaleció el trabajo colectivo y la construcción de identidad institucional. “Eso nos dio un espíritu de cuerpo que permite cultivar muy buenas relaciones”, afirmó.
Entre las principales políticas impulsadas en este período se destaca la creación de un programa de becas posdoctorales. Inicialmente previsto para dos investigadores, el llamado terminó incorporando a cuatro becarios debido al alto nivel de las postulaciones recibidas.
Pereira sostuvo que esta apuesta busca “radicar, al menos por un tiempo, recursos de investigación recientemente formados, en pleno desarrollo y con mucha dinámica”. Además, destacó que se trata de una política poco frecuente dentro de la propia Udelar.
El Instituto organiza actualmente su trabajo en cuatro grandes programas de investigación: políticas públicas y diseños institucionales; democracia, Estado y bienestar; familia, fecundidad y reproducción social; y creencias, dinámicas y relaciones sociales. En torno a estas áreas funcionan once proyectos de investigación y un centro de información socioeconómica y comportamental destinado a centralizar el trabajo empírico y el análisis de datos.
En total, participan cerca de 50 investigadores entre docentes consolidados, jóvenes en formación y estudiantes de posgrado. A esto se suma un espacio transversal denominado “Laboratorio de Utopías Reales”, que tiene como objetivo “pensar alternativas a diseños institucionales para la transformación de las sociedades democráticas y la remoción de distintas injusticias”, explicó.
El Instituto también ha desarrollado una intensa agenda de internacionalización, con proyectos financiados junto a la Universidad Católica de Chile y nuevas postulaciones internacionales con instituciones de Chile y Brasil. A nivel nacional, el instituto comenzó a generar vínculos con organizaciones sociales y organismos públicos.
De cara al futuro, Pereira señaló que el Instituto ingresará en una etapa de mayor estabilidad administrativa que permitirá profundizar el desarrollo de investigaciones y ampliar la producción académica. Entre los primeros resultados destacó la publicación del libro La marca de lo inhumano, centrado en la estigmatización social, y adelantó que actualmente hay nuevas publicaciones y artículos científicos en preparación.
Ciencias oceánicas: construir una agenda científica de largo plazo para el Atlántico Sur
El Instituto de Ciencias Oceánicas (ICO) impulsa un ámbito interdisciplinario orientado a construir una mirada integral sobre el océano y las zonas costeras del país. Los referentes del Instituto, Ángel Segura y Omar Defeo, señalaron que la creación del espacio se apoyó en una trayectoria previa de trabajo conjunto entre distintos servicios universitarios y grupos de investigación vinculados a la oceanografía y las ciencias marinas.
“El Instituto lo que hizo fue catalizar eso para obligarnos a mucha mayor coordinación, más en plan operativo”, explicó Segura. El docente recordó que los plazos de implementación fueron más acelerados de lo previsto inicialmente, lo que ”obligó a tomar definiciones en muy corto plazo” y a sostener reuniones frecuentes para organizar la nueva estructura.
Actualmente el Instituto reúne a unas 90 personas investigadoras provenientes de servicios como la Facultad de Ciencias, el Centro Universitario Regional del Este, la Facultad de Derecho, la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, el Instituto Superior de Educación Física y la Facultad de Veterinaria, además de investigadores de otros organismos nacionales e internacionales.
Para Defeo, uno de los principales desafíos es evitar que el Instituto se convierta en “una mera sumatoria de líneas discretas”. Según sostuvo, el objetivo es construir una “verdadera interacción” capaz de integrar ecología marina, pesca, cambio climático, tecnología, gobernanza y formación de recursos humanos. “No lo entendemos como un instituto de investigación, sino como una plataforma universitaria para pensar el océano como un sistema social-ecológico”, afirmó.
En ese marco, el ICO trabaja actualmente en cuatro grandes programas vinculados a océano y clima, ecosistemas, economía y gobernanza. Segura señaló que, a partir de esos ejes, se desarrolla una “revisión del estado del arte” sobre el sistema oceánico en Uruguay y la Antártida, con el objetivo de identificar “agujeros” de conocimiento. “Tenemos que levantar la mira y poder tener una agenda de desarrollo a 10 o 20 años”, señaló.
Entre las áreas de trabajo ya en marcha se encuentran las investigaciones sobre exploración sísmica, secuestro de carbono, pesquerías y eventos extremos asociados al cambio climático. El Instituto también participa en redes regionales de cooperación con Brasil y Argentina, y mantiene intercambios con organismos nacionales como el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, el Ministerio de Ambiente y la Armada Nacional. Asimismo, la puesta en marcha del Instituto coincidió con la expedición científica del buque RV Falkor Too, que si bien es un proyecto que antecede a la creación formal del espacio, Segura destacó que buena parte de las y los investigadores responsables forman actualmente parte del ICO.
El Instituto también apuesta a fortalecer la formación académica en el área, por lo que Defeo destacó especialmente el avance de la futura Licenciatura en Oceanografía, que busca consolidar una formación multidisciplinaria tanto a nivel de grado como de posgrado. “La formación de nuevas generaciones es nuestro deber fundamental”, sostuvo.
Defeo remarcó que el fortalecimiento de las ciencias oceánicas no puede depender únicamente de coyunturas o entusiasmos temporales. “Esto debe ser estable en cuanto al apoyo a la Universidad”, afirmó, al tiempo que subrayó la necesidad de construir “políticas nacionales consistentes” sobre el océano y las zonas costeras.






