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31 de julio de 2025Con el objetivo de que Uruguay ponga la mirada “frente al mar” y genere conocimiento valioso sobre sus características y recursos, la Universidad de la República impulsó la creación del Instituto de Investigación en Ciencias Oceánicas, que fue aprobado por el Consejo Directivo Central (CDC) el 6 de mayo de 2025 junto a otros tres espacios similares. Esta publicación se enmarca en una serie que busca dar a conocer de qué trata cada uno de estos espacios y sobre qué temáticas trabajarán.
Aunque la superficie marina de Uruguay —205.688 km²— es mayor que la terrestre —176.215 km²—, el país se sigue centrado en la tierra, en línea con su tradición ganadera y agrícola». Como consecuencia, quienes estudian el espacio marítimo uruguayo habitualmente plantean la idea de que el país ubica su mirada «de espaldas al mar. Para cambiar la perspectiva, el Instituto busca contribuir a la generación de un mayor conocimiento sobre la temática, que actualmente «es muy limitada».
Dentro de su campo de estudio, las ciencias oceánicas abarcan no solo los océanos, como sugiere su nombre, sino también los mares, las zonas costeras y otros espacios vinculados, incluyendo estuarios y cuencas hidrográficas, en la medida en que influyen sobre los sistemas marinos. El Instituto de Investigación en Ciencias Oceánicas aprobado por la Universidad llega en un momento en que el mundo empieza a prestar más atención a los océanos, ya que estamos transitando la mitad de la llamada Década de los Océanos, una iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Bajo la consigna de impulsar a la ciencias oceánicas para el desarrollo sostenible, la iniciativa de la UNESCO «genera un escenario propicio para que Uruguay, por medio de la Udelar, se replantee el rumbo de las ciencias del mar a nivel nacional. El énfasis de esta década radica en que la sustentabilidad del océano se construya basada en ciencia oceánica robusta». Así está indicado en el documento de presentación del Instituto, que sirvió como base para la aprobación del CDC.
En el mismo texto, las y los autores de la propuesta argumentaron que «la conformación de institutos con foco en la investigación en oceanografía y ciencias del mar es una estrategia muy extendida en el contexto internacional». Además, con respecto a la región, indicaron que «en América Latina, prácticamente todos los países mantienen institutos de este tipo». «Mayoritariamente estos institutos surgen en el seno de universidades, o bien se vinculan, o son incorporados a estructuras universitarias como parte de su evolución y desarrollo», agregaron.
Angel Segura y Omar Defeo son docentes, investigadores y referentes del Instituto. En diálogo con el Portal Udelar, contaron cómo estará compuesto el espacio y cuáles son las principales líneas de trabajo que llevarán a cabo. Consultado sobre la importancia de la creación del Instituto, Defeo respondió que «conocer el océano es un deber y un derecho porque es nuestro patrimonio». La relevancia no tiene solo un aspecto «de desarrollo científico», también es importante para la «soberanía del país».
Segura señaló que la idea del Instituto es «transversalizar» las diferentes áreas de conocimiento que lo componen para lograr «una gran figura común». El docente añadió que el espacio «permite juntar muchas visiones que a veces se encontraban dispersas en los distintos servicios de la Udelar», para que puedan intercambiar sobre temas comunes desde diferentes perspectivas y con mayor profundidad. La idea es «trascender las disciplinas y generar un lenguaje común para crear soluciones, escenarios y alternativas que tengan una visión sistémica».
Eso implica que además de las disciplinas tradicionales, como la oceanografía física o la pesquera, también incorporan otras vinculadas a temáticas como las relaciones internacionales, la sociología y la predicción de eventos climáticos. «El tema no se restringe sólo a lo que pasa dentro del agua o en una zona muy acotada, hay fenómenos que ocurren a escala planetaria. Cuando nosotros conocemos y entendemos lo que pasa podemos predecir mejor una sequía, una inundación u otro evento extremo”, ejemplificó.
El foco de estudio son las aguas jurisdiccionales uruguayas, que incluyen cuerpos de agua como el Océano Atlántico Sur y el Río de la Plata. De todas formas, los referentes no desconocen que este espacio está conectado con lo que sucede en otras zonas. «En el mar no hay alambrados, no hay fronteras», señaló Defeo y añadió que el espacio que buscan estudiar está conectado «a un todo». En ese sentido, planteó que debería existir una colaboración entre Uruguay, Argentina y Brasil para abordar los desafíos que presenta el espacio.
¿Qué potencialidad tiene el mar uruguayo?
«Uruguay cuenta con un amplio espacio marítimo cuyo conocimiento es muy limitado», plantean en el documento de presentación del Instituto. Segura explicó que la ausencia se debe a que aún no hubo «una política país para fortalecer el conocimiento» sobre la zona y que la información que existe tiene como origen esfuerzos puntuales. Por eso, planteó que el Instituto es un «generador de masa crítica» que contribuirá al desarrollo de saberes sobre la región.
De acuerdo al documento, actualmente el espacio marítimo de Uruguay es utilizado para actividades como la pesca y la navegación. Asimismo, en el futuro se podría incorporar «la extracción de hidrocarburos» y «otras fuentes de energía (eólica, undimotriz)». Por otra parte, «están en curso iniciativas para definir áreas marinas protegidas»”.
«No podemos darnos el lujo de desconocer todo eso que tenemos y cómo está, qué procesos juegan ahí”, indicó Segura. Para Defeo, el espacio marítimo uruguayo tiene una gran potencialidad, como una enorme cantidad de recursos económicos que «debemos explotar en forma muy inteligente, con equidad intergeneracional, para maximizar los retornos que le da esa riqueza marina a nuestra sociedad».
Ante el planteo de la idea de que Uruguay vive de espaldas al mar, Segura invirtió el concepto. Manifestó que la población está «frente al mar», ya que la mayoría vive cerca de la costa y un porcentaje más importante realiza sus vacaciones cerca de ella. «Hay un contacto, hay un disfrute, también eso es una parte esencial. A veces en lo que se llama ciencias duras no se analiza, pero hay ramas de la ciencia muy potentes que analizan todo lo que es el disfrute, el comportamiento. Todo lo que aporta eso a la gente». Por eso, hizo énfasis en la importancia de que esos sitios tengan “una buena calidad ambiental” porque «genera un cambio en cómo nos sentimos, eso lo puede vivir cualquiera que haya ido a la playa, a un arroyo, a un río».
Por otra parte, el docente señaló que el estudio del mar uruguayo también incluye su relación con los cuerpos de agua internos del país. Estos espacios son afectados por «el uso indiscriminado de fertilizantes y pesticidas» usados en campos, que llegan a los cursos de agua, lo que genera fenómenos como las cianobacterias que aparecen en las costas uruguayas desde hace años.
«Si nosotros queremos que nuestros nietos vean lo mismo que han visto nuestros abuelos, vamos a tener que trabajar, y mucho, porque hay una degradación insostenible de la costa», afirmó Defeo, que también puso el ojo sobre otros desafíos que enfrenta el país con respecto a su mar. La pesca, un sector en crisis a nivel mundial a causa de la gran sobreexplotación de recursos, también pasa por una situación grave en Uruguay, que está vinculada particularmente a la falta de una flota adecuada, una disminución en las capturas y la calidad y cantidad de las exportaciones.
De acuerdo a Defeo, el Instituto buscará contribuir a que la pesca se convierta en un sector productivo sostenible. El docente subrayó que eso tendrá consecuencias positivas a nivel ambiental, pero también contribuirá a un aumento en la cantidad y la calidad de las capturas.
Los entrevistados mencionaron que otro aspecto a tener en cuenta son las energías vinculadas a los océanos, que pueden ir desde la extracción de petróleo hasta proyectos de energía eólica. Para ambos, es importante generar estudios sobre los impactos que podría generar embarcarse en los diferentes tipos de proyectos de esta índole, con el objetivo de generar información de calidad que contribuya a decidir si es viable emprender determinadas iniciativas o evaluar sus posibles consecuencias.
Segura apuntó que hay que distinguir entre los proyectos energéticos que tienen una base de conocimiento seria y otros que se sustentan en especulaciones. En ese sentido, planteó que buscarán estudiar y discutir sobre estos temas para contribuir con información de calidad. Para Defeo, es «deber» del Instituto «proponer, divulgar y difundir» cuáles son los sistemas, los recursos o la biodiversidad que pueden verse perjudicadas por este tipo de iniciativas.
«Queremos aportar al gobierno, al país y a nuestra sociedad siempre que sea posible»
Con respecto a las áreas de estudio del Instituto, quienes integran el espacio plantearon en el documento resumen que conformarán cuatro programas: «océanos y clima, estructuras, funciones y procesos de ecosistemas, economía oceánica y gobernanza, sociedad y planificación». Segura contó que estos lineamientos los ayudaron a englobar y organizar los temas más relevantes que identificaron de acuerdo a las necesidades del país.
Sobre el estudio de los océanos y el clima, Defeo comentó que apuntan a estudiar los efectos del cambio climático, para lo que el Instituto cuenta con «investigadores de talla mundial” en la materia. Según el documento, está área incluye el estudio de «procesos físicos como la circulación oceánica de gran escala, la variabilidad de meso y submesoescala, la interacción océano-atmósfera». Además, en conjunto con el segundo programa sobre estructuras, funciones y procesos de ecosistemas, se estudiará «el impacto de estos procesos sobre la actividad biológica».
Acerca de este segundo programa, el documento indica que «se centra en comprender la composición, estructura y funcionamiento de los ecosistemas marinos a diferentes escalas espaciales y temporales, con énfasis en la zona económica exclusiva de Uruguay y sus áreas adyacentes». En tercer lugar, Defeo explicó que en el área de economía oceánica buscarán vincular el potencial desarrollo económico del sector con la posibilidad de reducir las desigualdades, a la vez que se protegen los ecosistemas marinos.
Sobre el eje Gobernanza, Sociedad y Planificación, el docente apuntó que tiene que ver con la elaboración de políticas públicas. En ese marco, lamentó que muchas de las políticas impulsadas en el sector «han deteriorado la calidad y la cantidad de nuestros recursos naturales». Por eso, este programa busca generar un conocimiento que sea útil para la sociedad y que se traduzca en políticas públicas. «Ese es uno de nuestros grandes anhelos, que no sigamos siendo tomados como científicos encerrados en un cubículo, escribiendo papers, sino como un apoyo. Queremos aportar al gobierno, al país y a nuestra sociedad siempre que sea posible», afirmó.
«Un referente nacional en la generación de políticas públicas»
Aunque la fecha formal que estipula el comienzo del trabajo de los institutos es el 1 de julio, los entrevistados comentaron que están trabajando en la conformación del espacio, que se ubicará dentro del marco del Protectorado de Investigación, desde el momento de su aprobación. Esos movimientos conllevan el proceso de puesta en marcha del Instituto y un trabajo de organización junto a las y los docentes que integran el espacio. Actualmente el espacio cuenta con casi 100 docentes, pero se podrán incorporar más con el paso del tiempo.
De acuerdo al documento de la propuesta y el testimonio de los entrevistados, el espacio reúne participantes del Centro Universitario Regional Este (CURE), el Instituto Superior de Educación Física (ISEF), las facultades de Arquitectura Diseño y Urbanismo (FADU), Ciencias (FCIEN), Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), Veterinaria (FVET) y Ciencias Económicas y de Administración (FCEA). Entre los cometidos del Instituto, Segura señaló que tiene como «rol fundamental abrir espacio para gente joven muy formada» para que puedan volcar los conocimientos que adquirieron durante su formación.
En ese sentido, está planteado que el Instituto genere un Plan Integral de Recursos Humanos, que tendrá como objetivo formar «recursos humanos del más alto nivel» facilitando «cierta flexibilidad» en cada trayectoria. Otro hito en materia de enseñanza es la creación de la Licenciatura en Oceanografía, que contará con cursos en diferentes facultades.
En cuanto a los vínculos por fuera de la Universidad, los académicos comentaron que se relacionarán con instituciones como el Ministerio de Ambiente, la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, o el Servicio de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología de la Armada. A su vez, el Instituto colaborará con universidades e instituciones extranjeras.
Con respecto al trabajo con la sociedad, Segura afirmó que desde el Instituto no buscan ser «unidireccionales», ni pararse como «iluminados o sabios que van a llevar el conocimiento». En cambio, la idea es «tomar en cuenta el conocimiento tradicional de la sociedad, del usuario, de un pescador, de un vecino” con el propósito de cocrear conocimiento, lo que valoran como «un eje estratégico de desarrollo, de generación de conocimientos que va más allá del tradicional conocimiento científico», explicó Defeo.
Consultados sobre los resultados que esperan obtener cuando esté avanzado el trabajo del Instituto, Segura respondió que quieren que el espacio tenga «capacidades de monitoreo, generación de información y modelos de escenarios, así como de desarrollo de conocimiento original sobre el océano». En ese sentido, aclaró que cuando habla de océano no habla «solo de la dinámica física o biológica, sino del combo físico, biológico, social, económico. Ese sería como el leitmotiv académico de desarrollo del instituto, y obviamente la formación de recursos humanos en clave de interdisciplina».
Por su parte, Defeo apuntó que primero ve un Instituto «consolidado en sus tres ejes universitarios”: enseñanza, extensión e investigación. En segundo lugar, comentó que esperan promover «una muy sólida y constante interfase entre la ciencia y las decisiones políticas”. Que el Instituto juegue «un rol superlativo” para que «haya políticas saludables basadas en ciencia informada” que se reflejen en «beneficios tangibles para la sociedad”. «Creo que teniendo esos puntos amarrados, yo lo vería como un instituto consolidado a largo plazo. Un referente nacional en la generación de políticas públicas», resumió.






