
Apoyo al uso e impactos de resultados de investigación
7 de octubre de 2026Cristina Zurbriggen y Silvana Abbate, integrantes de la comisión directiva del instituto, repasan lo que dejaron las dos jornadas en Paso Severino: los primeros puentes entre proyectos, la apuesta por una forma distinta de investigar y los desafíos que el ITSSA se plantea hacia adelante.
El Instituto de Investigación Transiciones Sostenibles de Sistemas Alimentarios (ITSSA) de la Universidad de la República (Udelar) realizó el viernes 2 y el sábado 3 de octubre su segundo encuentro anual en Paso Severino, con la participación de más de 80 personas.
Fue el primer encuentro con los proyectos de investigación ya en marcha. Aunque el instituto nació oficialmente en 2025, atravesó primero un proceso de construcción institucional y de llamado a proyectos, los primeros seleccionados comenzaron a trabajar en mayo de 2026 y muchos equipos se consolidaron recién en julio.
Para Cristina Zurbriggen, integrante de la comisión directiva del ITSSA y docente de la Facultad de Ciencias Sociales, estas instancias son “claves en un instituto de esta naturaleza”. El ITSSA funciona sin sede física, y sus proyectos están distribuidos en todo el territorio nacional. El encuentro permitió “presentar la investigación y empezar a generar los puentes entre los proyectos”, con el horizonte de construir “una nueva forma de producción de conocimiento inter y transdisciplinario” hacia un sistema alimentario más sostenible, que incluya la dimensión social y política. En ese camino, destacó el papel de los laboratorios vivos como espacios clave para abordar problemas complejos.
“La presencialidad no se reemplaza”
Silvana Abbate también integra la comisión directiva del instituto y es profesora adjunta del Departamento de Protección Vegetal de la Estación Experimental Dr. Mario A. Cassinoni (EEMAC), en el CENUR Litoral Norte. Participó de los dos encuentros anuales y percibe una evolución: “Estamos viendo brotar esas semillas que plantamos cuando iniciamos este proceso hace varios años”.
La investigadora subrayó que el ITSSA busca construir algo distinto. “No queremos replicar institucionalidad, seguir agregando burocracias. Queremos armar algo distinto, apostamos a eso y confiamos en eso”, afirmó. Para lograrlo, el primer paso es el encuentro entre las personas: “La virtualidad ayuda un montón, pero la presencialidad no se reemplaza”.
Abbate vinculó ese encuentro con la confianza necesaria para el trabajo científico y territorial. “Si queremos trabajar en territorio, tener vínculo con el medio, el primer vínculo que tenemos que tener es entre nosotros”, sostuvo. Valoró además los espacios informales del encuentro, como el fogón y las conversaciones sobre la vida de cada uno: “El investigador no es solo el currículum, es una persona”.
También destacó la presencia de participantes jóvenes, algunos contratados en los proyectos y otros interesados en sus temáticas. “Pretendemos que esos jóvenes se formen diferente a lo que nos formamos nosotras, que era de forma muy disciplinaria”, explicó. Como aspecto a mejorar, señaló que el encuentro estuvo muy centrado en el ámbito académico, y que para la próxima edición se piensa abrir la participación a otro tipo de actores.
Salir de la chacra disciplinar
Uno de los objetivos del encuentro, tal como habían dicho sus referentes en la previa, era promover la “fertilización cruzada” entre proyectos que todavía están en una etapa inicial. Según Zurbriggen, algunos grupos ya trabajaban juntos, pero en otros casos surgieron vínculos nuevos a partir de las dinámicas de trabajo en grupo, muchas de ellas al aire libre.
“Se habló mucho de cómo podíamos superar las barreras históricas de la universidad, donde cada uno está en su propia chacra disciplinar”, relató. “Hay un espíritu de trabajar de una forma diferente, que todavía no sabemos mucho cómo es, pero la estamos buscando. Estamos empezando a generar un lenguaje común, una nueva cultura de producción de conocimiento”.
El balance del primer año dejó varios aspectos positivos. Abbate mencionó la incorporación de jóvenes y la apertura de redes y contactos. “Quedó demostrado que el instituto permite una infraestructura que a lo mejor no estaba en la Udelar, algo nuevo que se crea a partir de la existencia del ITSSA”, afirmó.
El funcionamiento en red también implica el trabajo fuera de la centralidad montevideana. “No tenemos una sede física, y eso determina que yo, desde el litoral, me siento en igualdad de condiciones que alguien que esté a media cuadra del escritorio de Santiago Dogliotti o de Pablo Chilibroste”, señaló Abbate, en referencia a los referentes del instituto. En ese sentido, destacó el apoyo de la estructura de los CENUR de la Udelar, que facilita los trámites administrativos, y de la virtualidad para el trabajo en territorio.
Los desafíos: aprender a hacerlo
El taller “Hacia una visión compartida para la transformación de los sistemas alimentarios” retomó el documento fundacional del instituto. Según Zurbriggen, existe un acuerdo en sus principios: una visión sistémica que supera la escala del predio y entiende que la transformación no se agota en lo productivo, sino que incorpora el paisaje, el ambiente, los actores sociales y la dimensión política. Lo más interesante del encuentro, a su juicio, fue la necesidad compartida de “aprender a hacerlo”.
En esa línea, los talleres permitieron identificar los primeros desafíos hacia adelante, que el equipo seguirá analizando en las próximas semanas.
Zurbriggen señaló como desafío central la integración real entre disciplinas. A eso se suman otras preguntas: cómo incorporar el conocimiento de los productores, cómo desarrollar los laboratorios vivos y cómo dialogar con quienes toman decisiones. “No basta producir conocimiento, sino que ese conocimiento se transforme en nuevas políticas”, sostuvo. Algunos proyectos ya trabajan vinculados a políticas públicas, y el desafío es “dar un paso más y empezar a marcar acciones en ese terreno”.
Otro eje es la formación en temas como coproducción, transdisciplina y laboratorios vivos. También aparece la necesidad de elaborar una guía metodológica para evaluar proyectos transdisciplinarios. “La Udelar todavía no ha decidido cómo va a evaluar a los institutos, y nosotros tenemos mucho para aportar en cómo se tiene que evaluar la inter y transdisciplina”, explicó Zurbriggen. Para la investigadora, se trata de un tema de fondo: “A nosotros, los investigadores, nos siguen evaluando disciplinariamente”. Por eso considera que el instituto puede contribuir a poner en valor un trabajo que muchas veces no se reconoce, como la relación con el medio.
Abbate agregó que, por el perfil de los proyectos presentados, el instituto tiene hoy una inclinación hacia la producción. Uno de los desafíos para el próximo año es incorporar investigadores especializados en áreas vinculadas al agua y a los alimentos.
Como próximo paso, el equipo analizará los insumos generados en los talleres. Con ese material, presentará al colectivo los hitos, metas y prioridades del ITSSA para el próximo período, como parte de la teoría de cambio con la que trabaja el instituto.




























