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24 de noviembre de 2025El Instituto de Investigación Una Salud (IIUS) conmemoró el Día Mundial de Una Salud con su quinto seminario, donde tres investigadoras presentaron avances en temas clave que articulan salud humana, animal y ambiental. El encuentro destacó la importancia de los enfoques interdisciplinarios para comprender y enfrentar los desafíos sanitarios actuales.
El pasado 3 de noviembre se conmemoró el Día Mundial de Una Salud, una conmemoración que destaca la importancia de comprender que la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas están profundamente interconectadas. Este enfoque, promovido a nivel global por organismos como la OMS, la FAO, la Organización Mundial de Sanidad Animal y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, plantea que los problemas sanitarios contemporáneos no pueden abordarse de manera aislada, sino mediante la colaboración entre múltiples disciplinas y sectores de la sociedad.
En Uruguay, este paradigma adquiere una dimensión estratégica a través de la creación del Instituto de Investigación Una Salud (IIUS), un espacio académico que reúne a investigadores de diversas facultades de la Universidad de la República, junto a instituciones científicas nacionales y actores territoriales, con el objetivo de generar conocimiento y desarrollar soluciones integrales a problemas que involucran personas, animales, plantas y ambiente. El IIUS busca fortalecer capacidades de investigación, promover redes interinstitucionales, impulsar innovación, formar recursos humanos y contribuir a políticas públicas que mejoren la salud y el bienestar desde una mirada sistémica.
En este marco, se llevó a cabo el Quinto Seminario del IIUS, realizado en conmemoración del Día Mundial de Una Salud, donde las Dras. Teresa Armúa, Noelia Speranza y Silvia Olivera compartieron sus experiencias y perspectivas en torno a distintas dimensiones de la salud integral. Este encuentro no solo permitió difundir avances científicos y líneas de trabajo en curso, sino también abrió un espacio de reflexión colectiva sobre los desafíos actuales y sobre la importancia de fortalecer enfoques colaborativos para enfrentarlos.

La Dra. Teresa Amúa, de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República, presentó los avances de sus investigaciones en parásitos con capacidad zoonótica, es decir, aquellos que pueden transmitirse de animales a humanos. Su exposición abordó tanto parásitos externos como las pulgas (que pueden transportar bacterias y nemátodos capaces de generar reacciones alérgicas severas), como parásitos internos de relevancia sanitaria. Entre ellos destacó a los anisáquidos, cuyas larvas pueden encontrarse en peces destinados al consumo humano, especialmente cuando se ingieren crudos o poco cocidos, como ocurre en preparaciones de sushi, sashimi o ceviche. Aunque los seres humanos no son el hospedero definitivo, la ingesta de estas larvas puede provocar trastornos gastrointestinales importantes.
El equipo de investigación trabaja en la identificación morfológica y genética de anisáquidos presentes tanto en peces de uso comercial como en sus hospederos definitivos, aves marinas migratorias que conectan Uruguay con otras regiones del océano Pacífico (este estudio se centró en albatros y petreles provenientes de Nueva Zelanda). Este enfoque permite comprender mejor los ciclos ecológicos de los parásitos y su circulación internacional. Asimismo, la investigadora señaló la presencia en el país de otros parásitos de importancia veterinaria y zoonótica, como Echinococcus, Toxocara y microfiláridos transmitidos por mosquitos que afectan principalmente a perros, pudiendo comprometer su sistema cardiovascular. En humanos, aunque menos frecuente, pueden causar nódulos principalmente pulmonares.
En un contexto donde el consumo de pescado crudo está en crecimiento, la investigadora subrayó la importancia de reforzar la vigilancia parasitaria, promover buenas prácticas de manipulación y sensibilizar a la población acerca de los riesgos asociados.
Por otro lado, la Dra. Noelia Speranza de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República abordó el uso de cannabis medicinal en Uruguay desde la perspectiva de la farmacoepidemiología, que estudia cómo los preparados en base al mismo se emplean en la práctica cotidiana, más allá de los ensayos clínicos. Señaló que la regulación uruguaya, con hitos clave en 2013 y 2019, permitió mejorar el control de calidad y las condiciones de prescripción, especialmente en formulaciones basadas en cannabidiol (CBD). Sin embargo, destacó que el uso medicinal del cannabis en el país no surgió desde el laboratorio, sino desde la sociedad, respondiendo inicialmente a demandas de pacientes que ya utilizaban extractos importados o preparados artesanales.
Los estudios realizados por su equipo, los cuales se encuentran publicados en revistas de difusión nacional, muestran que la mayoría de los usuarios de cannabis medicinal en Uruguay son mujeres mayores de poder adquisitivo medio alto, con una media de 69 años, principalmente en tratamiento por dolor crónico, asociado a enfermedades como artrosis o fibromialgia. Los efectos adversos observados fueron mayormente leves, destacándose la sequedad de boca y, ocasionalmente, somnolencia. Resultados similares se observaron al estudiar el uso en contextos no regulados y en pacientes con epilepsia refractaria, donde se registró una disminución en la frecuencia de eventos epilépticos.
Speranza remarcó que, aunque Uruguay cuenta con un marco normativo pionero, el desarrollo farmacéutico continúa siendo limitado, con pocos medicamentos aprobados y una producción científica centrada casi exclusivamente en el CBD. Por ello enfatizó la necesidad de fortalecer la investigación clínica, mejorar la vigilancia de riesgos y ampliar la evidencia para respaldar nuevas indicaciones terapéuticas.

Finalmente, la Dra. Silvia Olivera, del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE), presentó los avances de su equipo en la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas para enfermedades neurodegenerativas, en un contexto global donde la población envejece a un ritmo acelerado. Señaló que, desde 2018, las personas mayores de 65 años superan a las menores de 5, y se proyecta que para 2050 una de cada seis personas será adulta mayor, lo que incrementará significativamente la incidencia de trastornos neurológicos.
Olivera explicó que durante el envejecimiento se producen cambios tempranos en el sistema nervioso: alteraciones en la neurotransmisión y en las vías regenerativas, disfunción de neuronas y células gliales, así como procesos de inflamación y daño vascular. En este escenario, los astrocitos, células esenciales para el soporte metabólico y funcional del cerebro, pueden perder sus funciones protectoras y adquirir un fenotipo reactivo y tóxico que contribuye al daño neuronal, formando cicatrices que impiden la recuperación del tejido nervioso.
Es por esto que el equipo de Olivera trabaja con modelos experimentales de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que destruye las neuronas motoras y provoca atrofia muscular progresiva, con el objetivo de identificar y bloquear selectivamente a estos astrocitos alterados.
Así, para acortar los tiempos de desarrollo de nuevos tratamientos, exploraron medicamentos ya aprobados para otros usos. Entre las moléculas evaluadas, la violaceína, un metabolito bacteriano de baja toxicidad con propiedades antiinflamatorias y con capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica, mostró efectos neuroprotectores en modelos animales, preservando la masa muscular en ratas con ELA. Estos resultados, si bien preliminares, abren nuevas líneas para optimizar el tratamiento, comparar con otros fármacos y evaluar su posible impacto en pacientes con otras enfermedades neurodegenerativas.
Y así llegó a su fin el quinto seminario del IIUS, reafirmando la relevancia de construir conocimiento de manera conjunta, respaldado por la investigación y la articulación entre academia, instituciones públicas, sector productivo y comunidades, para avanzar hacia sociedades más saludables y resilientes. Las tres exposiciones del seminario pusieron de manifiesto la complejidad y la interdependencia de los desafíos sanitarios contemporáneos. Desde la vigilancia de parásitos con potencial zoonótico y su relación con nuevas prácticas de consumo alimentario, hasta el análisis de los usos sociales y clínicos del cannabis medicinal, pasando por la investigación de alternativas terapéuticas para enfermedades neurodegenerativas, se evidenció que la salud no puede entenderse desde una única disciplina ni desde un solo punto de vista. El IIUS busca precisamente fortalecer esos puentes: integrar conocimientos que tradicionalmente han estado separados para desarrollar respuestas más efectivas y sustentadas en evidencia. La conmemoración del Día Mundial de Una Salud ofrece así una oportunidad para reconocer el papel central que juega la interdisciplina en la generación de conocimiento útil para la sociedad, capaz de orientar tanto políticas públicas como prácticas de cuidado cotidiano.






